Atendiendo a sus dotes personales y a su manifiesta vocación para la vida religiosa, cuando apenas tenía 13 años, Antonio Galvão de França fue llevado por sus padres al Seminario de Belém, en la ciudad de Cachoeira, Estado da Bahia.

Con el cierre de este Seminario y la vuelta de los jesuitas a Portugal, Antonio, ya de 18 años, regresó a Guaratinguetá, donde ya no pudo ver más a su madre, quien había muerto dos años antes. Siguiendo su inclinación todo orientada a la práctica del bien, ingresó entonces al Convento Franciscano de San Buenaventura de Macacu, en Itaboraí, Capitanía de Rio de Janeiro, donde adoptó para su vida religiosa el nombre de Antonio de Sant’Anna Galvão, en homenaje a la santa de su devoción familiar.

Profesó como miembro de la Orden Franciscana em 1761, siendo ordenado sacerdote al año siguiente en la ciudad de Rio de Janeiro.

Posteriormente fue transferido al Convento de San Francisco en São Paulo, donde fue admitido para terminar sus estúdios de filosofía. Cuando iba del Covento de Rio de Janeiro al de São Paulo, Fray Antonio de Sant’Anna Galvão se detuvo en Guaratinguetá para celebrar en su ciudad natal “la primera misa, primicial”, para gozo general de su família y de todos los que participaron de la ceremonia, realizada en el templo parroquial de San Antonio, donde había sido bautizado. Así tuvo inicio su santo sacerdocio.